
La novelista británica Mary Ann Evans alguna vez dijo que debe uno ser pobre para conocer el lujo de dar. Y cuando se acerca una fecha que está atacada por el consumismo, se vuelve aún más verdadero su pensamiento.
En la Navidad del año pasado redacté una nota que fue mi regalo para varias personas que yo consideraba mis amigos. Tal vez no era un presente con valor monetario, pero si con un valor emocional bien grande. La escribí sólo en mi
Facebook y etiqueté a todos aquellos a quienes quería que les llegara mi escrito.
Debo confesar que hasta el día de hoy me pregunto por qué etiqueté a algunas personas. Y también me pregunto por qué dejé de lado a otras que han sido aún más importantes. Sin embargo, ahora no quiero ahondar en aquellas razones, si no más bien, quiero solamente publicar aquella nota en el blog. Y deseo hacerlo porque no toda la gente que conozco está agregada en mi perfil de esa red social y porque mis sentimientos durante todo este año no han cambiado.
Además, quisiera que quienes a veces dan algunas vueltas por acá también reciban mi saludo, el cual decía más o menos así:
Antes de comenzar, sé que muchos no leerán todo. Tal vez comenten sin haber leído o quizás lean y no comenten nada. Quise hacer una fotografía y etiquetarlos para que entendieran que era mi saludo en estas Fiestas para todos ustedes. Pero encontré que una imagen, esta vez, no alcanzaría a decir todo lo que estaba en mi cabeza.
Muchos se sorprenden aún cuando digo que soy agnóstico y no creo en Dios (tampoco lo niego). Por lo mismo, tampoco creo en Jesús (y tampoco lo niego). Así que ¿por qué celebro la Navidad? Pues bien, porque, para mí, la Navidad es un día al año en el que todas las personas sacan lo mejor que llevan dentro para entregar sólo amor al resto. Fuera odio, fuera rencores, fuera heridas, fuera rencillas, fuera peleas. Día de olvidar lo malo y pensar sólo en lo bueno.
Tampoco considero que esté bien consumirse en el consumismo y gastar dinerales comprando regalos. Aunque pocos lo crean, no me importa recibir regalos ni tampoco hacerlos. No es que sea tacaño, si en verdad a todos nos gusta recibir un presente (o varios) y también es reconfortante dar. Pero no creo que sea la idea tampoco en esta fecha. Lo significativo, creo yo, es saludar, hacerle saber a los demás lo valiosos que son. Aunque quisiera, no puedo darle un presente a cada uno de ustedes, pero sí les dedico algo que me gusta hacer y que, creo, me resulta bien. Y es escribir.
En esta fecha donde cada uno celebra a su manera y según sus creencias, mi forma de celebrar este año será compartir estos días con mi familia y amigos cercanos y saludar a todos aquellos que ocupan un lugar en mi alma, mi corazón, mi cerebro, mi estómago e incluso mi páncreas (en algún lado tienen que caber todos, sin tan grande no soy, considerando que nadie está en mi riñón, ya que ese ya está ocupado con cálculos). Y decirles que a mi modo, a cada uno de ustedes los admiro-estimo-quiero-amo-adoro-valoro-recuerdo (en estos momentos no especificaré el sentimiento que tengo por cada uno).
Quizás seamos amigos de años y años. O tal vez recién nos venimos conociendo, pero ya existe un lazo. Quizás no nos hemos visto en mucho tiempo o tal vez te vi ayer. Quizás hayamos compartido sólo una, dos o tres veces. O incluso puede que nunca te haya visto en persona. Quizás te veo siempre o tal vez nunca más te volveré a ver. Quizás sólo la casualidad nos permite vernos. Quizás conoces un secreto mío, o tal vez dos o tres. O puede que aún no conozcas ninguno. Quizás llevo marcas en mi cuerpo que me hacen recordarte. O tal vez llevo alguna herida en el alma que no me permite olvidarte. Tal vez creerás que sólo fuimos compañeros de colegio, liceo, universidad o trabajo. Quizás nuestra relación (¡la que sea!) no comenzó con el pie derecho y nos fuimos descubriendo poco a poco. Quizás hemos pasado años sin hablar y nos hemos vuelto a reencontrar. Quizás alguna vez dijimos que éramos los mejores amigos. Quizás nos unió una pasión. O tal vez nuestras diferencias nos alejaron un poco. Quizás jamás pensamos que los caminos de nuestras vidas se juntarían en alguna esquina. Tal vez mi cerebro, lleno de recuerdos a más no poder, jamás me permitirá olvidarme de ti.
Pero sea cual sea el motivo por el que somos amigos, lo primordial es aquello, que lo somos. Y en estas fechas en que uno se pone más sentimental y sensible (o mamón, si sé que más de alguno lo pensará y no me molesta) quiero agradecer tu amistad. Porque uno no sabe lo que nos depara el Destino, lo que nos devuelve el Karma o lo que puede suceder en el Futuro, cercano o lejano. Y no quiero que en estas Fiestas no sepas que eres importante para mí.
Después de todas estas palabras, viene el cliché, es decir, desearte que pases una muy Feliz Navidad, con tu familia, con tus amigos, con el amor de tu vida, con quien sea, pero que sea alguien que te quiera. Y espero que el próximo año esté cargado de cosas buenas, que todos los males desaparezcan, que todos los planes se cumplan y que la felicidad llegue a tocar tu puerta (y no te olvides de abrirla). Todos los años traen cosas buenas y malas, pero desear la paz mundial jamás ha sido dañino, por lo tanto, ignorando todo lo desfavorable que se pueda avecinar, deseo que estés rodeado de dicha, éxito, felicidad, amor, salud e incluso dinero.
Para ti, los mejores sentimientos en Navidad y Año Nuevo de tu amigo.Recuerdo que la redacté con mucho cariño para personas que conocía en su momento y ahora se la dedico también a otras que he conocido este año. Tal vez, como lo pensé, algunos me consideren tacaño, tomando en cuenta que Noel Clarasó señaló que "dar" es el verbo más corto de la primera conjugación y "no dar" el más barato. Pero acaso ¿regalar amor tiene precio? Creo que no. Por lo mismo, ahora se convierte en mi presente para ustedes. Muchas felicidades en estas Fiestas y mis mejores deseos para todos.